L a crisis del Covid19 sumado a la digitalización ha dado lugar a un nuevo modelo de negocio: el de las cocinas fantasma, negocios de restauración y hostelería que ofrecen preparación y envío de comida a domicilio sin un local presencial, sin camareros y que, en muchos casos, ocupan bajos y patios generando el descontento en las comunidades de vecinos en los que se encuentran ubicados por los olores, ruidos y trasiego constante de repartidores o usuarios que acuden a recoger sus pedidos.

Para poner coto a estas disputas entre vecinos y los dueños de estas cocinas fantasma, el Área de Desarrollo del Ayuntamiento de Madrid ha aprobado un conjunto de reglas urbanísticas que limita el funcionamiento de estos negocios. Concretamente, se ha limitado su superficie a un máximo de 350 metros cuadrados en los locales de uso terciario, es decir, en los bajos comerciales de bloques residenciales; los pedidos deberán ser recogidos en el interior del local y las nuevas licencias exigirán un estudio de la repercusión en el entorno, que medirá su impacto medioambiental, en la calidad del aire y en la movilidad de la zona. Estas limitaciones afectarían, de igual modo, a los negocios de reparto a domicilio de otras mercancías.

Con estas limitaciones, el Consistorio madrileño espera que este tipo de negocios abandone el centro de la ciudad y se instale en polígonos industriales que carecen de estas limitaciones.

Estas nuevas reglas no entrarán en vigor hasta el 1 de enero de 2022. No obstante, el Ayuntamiento de Madrid aprobará la suspensión de las licencias urbanísticas a las cocinas fantasma, en principio, durante un año (y prorrogable uno más) hasta que sea efectiva la modificación.

Actualmente, se han concedido ya 10 licencias que no les afectaría estas normas (de las cuales 5 ya están en funcionamiento), pero las nuevas sí deberán cumplir con las inspecciones y ordenanzas pertinentes.

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